Hoy les voy a contar una historia secreta. La historia de
una de las consecuencias psicológicas del Déficit Atencional cuando -por
la razón que haya sido- no fue diagnosticado en la infancia, pero de
todas formas sus efectos se han dejado sentir, causando diversas
dificultades y resultados adversos a lo largo de la vida
Si este es tu caso y no recibiste el diagnóstico hasta que ya eras
grande, no te puedes perder lo que viene a continuación…
¿Qué historias te cuenta tu mente con respecto a tus problemas?
Como
saben, mi tesis de pregrado consistió en una investigación cualitativa
acerca de la subjetividad de adultos con ADHD recientemente
diagnosticado. En este estudio, mis compañeros y yo, entrevistamos a
personas que no habían recibido el diagnóstico en la infancia y les
preguntamos acerca de todo lo que nos pudieron contar sobre el impacto
que el ADHD no diagnosticado había tenido sobre sus vidas.
Uno de los descubrimientos que emergieron a partir del análisis de esas
entrevistas y que para mí fue sumamente revelador es el siguiente:
Al no haber existido una explicación racional para la conducta de
nuestros entrevistados durante su infancia, las familias de cada uno de
ellos fueron “explicándose” esa conducta atribuyéndola a ciertas
cualidades de cada uno de ellos y ellas. Así, ciertos adjetivos
comenzaron a repetirse una y otra vez, en la narrativas familiares.
“¡Esta niñita pasa en las nubes!”…”Es que es distraída, igual
que su papá”
“¡Este niño no puede estar quieto ni un segundo!” … “Es que es muy desordenado”
“¡María no sabe ni dónde deja su cabeza!” … “Es que es demasiado olvidadiza“
Las
cursivas no son porque sí… Si te fijas, las “explicaciones” encontradas
implican la atribución de una característica X como parte de la
identidad de la persona (y podemos sumar una serie de otras
características mencionadas: flojo/a, irresponsable, volado/a,
inconstante, no se pone las pilas, inmaduro/a).
Algo que la mente de quien escucha esas afirmaciones puede resumir en la
siguiente fórmula:
Yo = Problema
Si
el problema eres tú mism@, ¿qué solución nos queda?
Es por esto que muchos adultos con ADHD no diagnosticado acarrean una
pesada carga de desaliento y auto-reproche, ya que a partir de la
escucha ininterrumpida de críticas y desaprobación por parte de sus
familias, profesores, amigos y parejas, esas características negativas
han sido incorporadas a su identidad irremediablemente.
Desmantelando la narrativa
Por una parte, luego del diagnóstico,
muchos adultos con ADHD por fin encuentran una explicación sólida que
da cuenta de sus muchas dificultades y que va más allá de las
evaluaciones morales que encierran las historias acerca de su “flojera” o
de “falta de fuerza de voluntad”. No obstante, suele suceder que las
historias escuchadas y repetidas durante tanto tiempo, sigan ahí, dando
vueltas por la mente y asomando su fea cabeza toda vez que las cosas
salen mal.
Así, ante el primer retroceso o dificultad, no es de extrañarse que
aparezcan pensamientos como “¡de nuevo lo mismo!… ¡no hay caso conmigo!…
¡¡¡no tengo remedio!!!”.
¿Qué hacer al respecto?
El impacto que las narrativas familiares y sus significados tienen sobre
la identidad de cada uno de sus miembros, ha sido durante mucho tiempo
el eje central de los enfoques narrativos y posmodernos en terapia
familiar. Diversos autores, han desarrollado técnicas con las cuales
desmantelar las narrativas familiares negativas, para permitirle a la
persona “reescribir su vida”, desmarcándose de las “historias
dominantes” que obstaculizan su superación. (De estos terapeutas, mi
favorito es Michael White, autor junto a David Epston de
Medios
Narrativos para Fines Terapéuticos, y de
Maps of Narrative
Practice).
Durante un tiempo, estuve utilizando algunas de estas técnicas con mis
pacientes para ayudarlos a liberarse de las etiquetas y atributos
negativos que eran resultado de las narrativas construidas a partir de
sus problemas con el ADHD cuando todavía no sabían que éste era el
origen de sus dificultades. En muchos casos, las técnicas narrativas
fueron de gran ayuda para este propósito, pero hoy he encontrado un
enfoque que encuentro mucho más potente.
Relational Frame Theory (una teoría científica del lenguaje y la
mente)
Si leíste mi post anterior, sabrás que estoy estudiando y
practicando un nuevo tipo de terapia llamada ACT (Acceptance and
Commitment Therapy) y que pienso que puede ser una alternativa muy
potente para trabajar con los problemas que el ADHD impone en tu vida
diaria.
Para el tema que nos interesa en este post, la teoría científica que da
sustento a ACT (la Relational Frame Theory) explica algunos de los
mecanismos por medio de los cuales se consolidan las historias que nos
han contado (y que nuestra mente nos sigue contando) respecto a las
causas de nuestro comportamiento, las razones por la cuales hacemos o
dejamos de hacer tales o cuales cosas, etc., etc… (Voy a intentar hacer
un esbozo ultra resumido de lo que he estudiado hasta ahora al
respecto).
La RFT es verdaderamente alucinante ya que consiste en un programa de
investigación en ciencia básica (de laboratorio) acerca del lenguaje y
la cognición humana. Un programa de investigación que lleva 30 años
desentrañando los misterios de los símbolos verbales que utiliza la
mente para la comunicación con los demás y con nosotros mismos.
En primer lugar, las narrativas y las historias están hechas con
palabras, sin lenguaje hablado no se pueden contar historias…
Pero… ¿qué es una palabra? y ¿cómo adquiere su significado?

http://www.flickr.com/photos/visualpanic/
El
elemento más sorprendente del lenguaje es su arbitrariedad.
¿En qué se parece la palabra “GATO” a este animalito?
…
Tienes razón… en NADA.
Los símbolos (hablados y escritos) del lenguaje son
totalmente arbitrarios.
Entonces, los significados de las palabras, son el resultado del
entrenamiento social que tiene lugar durante muchos años a lo largo del
desarrollo del niño, en su familia y su cultura. Y estos significados,
asociados a tales y cuales palabras y conceptos, son lo que finalmente
da forma a los contenidos de su mente.
Piensa en un niño que está aprendiendo a hablar. Muchas veces se le
pregunta: “¿por qué hiciste eso?”, a lo que el niño muchas veces
responderá, con total honestidad, “no sé”… o “porque sí”. Típicamente
este tipo de respuesta no es bien recibida por los adultos, que, con el
ceño fruncido insistirán: “¿pero por qué lo hiciste?”. El resultado es
que el niño pronto aprenderá que una respuesta socialmente aceptable
requiere de “buenas razones” y argumentos lógicos que den cuenta de sus
motivos para determinadas conductas.
Es ahí cuando la mente comienza su incesante trabajo de análisis,
razonamiento lógico y construcción de historias coherentes.
Y así, antes de que nos demos cuenta de cómo sucedió, nuestra mente está
lista para responder toda clase de preguntas acerca de nosotros mismos,
nuestra conducta, nuestras motivaciones y emociones y sentimientos con
toda suerte de bonitas (y a veces no tan bonitas) historias y narrativas
que cuentan quienes somos y porqué somos así.
Como dicen Efran, Lukens y Lukens, en su libro de 1992 “Lenguaje,
estructura y Cambio”:
“Los seres humanos son cuentistas incorregibles y
hábiles, que tienen la costumbre de convertirse en las historias que
narran. Mediante la repetición, las historias se consolidan en
realidades, y a veces encierran a los cuentistas dentro de los límites
que ellos mismos han ayudado a crear”
Cuando tú
eres el contexto en el cual se despliegan las historias que tu mente
fabrica
Ya. Si me has seguido hasta acá, es el momento de ver cómo
fugarse de la prisión narrativa que las consecuencias de tu ADHD han
escrito a lo largo de tu vida.
Uno de los conceptos centrales en ACT es lo que se conoce como
“Self
as Context”.
Se trata de tomar cierta perspectiva desde la cual contemplar tu propia
vida, tus recuerdos, sentimientos, pensamientos, historias, sueños, etc…
Es un lugar desde el cual poder salirse de la historia y dejar de
repetirla como si fueras Bill Murray en “El Día de la Marmota” (también
conocida como “Hechizo del Tiempo”). (Si no la has visto… deja de leer
este post y anda a verla AHORA!)
Para que veas en qué consiste la perspectiva del Self as Context vamos a
realizar un pequeño ejercicio experiencial:
¿Estás dispuest@? (Si es así, date por lo menos un par de minutos para
ir llevando a cabo cada uno de los pasos del ejercicio).
Bien… vamos entonces:
- Detente un momento y presta atención a la primera sensación que
surja en tu cuerpo. Obsérvala con curiosidad y una vez que la hayas
reconocido deja que tu atención se pose en cualquier otra sensación que
aparezca, y la siguiente… y la siguiente.
- Ahora mira a tu alrededor y reconoce el lugar en el que te
encuentras. Observa los colores, las formas y los objetos que te rodean.
- Ahora intenta recordar un momento pasado de tu vida reciente y,
cerrando los ojos, visualiza la escena con la mayor nitidez posible.
- Repite lo anterior, pero con un recuerdo de tu niñez.
- Presta atención a ver si notas la presencia de alguna emoción.
Fíjate en qué parte del cuerpo la sientes y cómo es…
- Ahora presta atención al primer pensamiento que pase por tu mente.
Puedes cerrar los ojos para escuchar con más claridad lo que tu mente
tiene para decirte en este momento…
- Observa si puedes notar un sentido de continuidad en todo este
proceso.
¿Listo?
Preguntas:
¿Qué es lo único que ha permanecido constante durante todo el ejercicio?
¿Qué es lo que se ha mantenido constante a lo largo de los distintos
momentos y experiencias de tu vida?
¿Quién observaba estas sensaciones, imágenes y recuerdos?
¿Puedes sentir la constancia y continuidad de esa perspectiva desde la
cual has sentido y vivido todos los momentos de tu vida?
…
Las historias que tu mente construye, y que a su vez han sido
construidas a partir de lo que otros han contado acerca de ti durante
toda tu vida, no son más que eso: narrativas y conexiones arbitrarias a
partir del lenguaje, pero que no alcanzan a tocar esa dimensión de tu
ser en que asumes la perspectiva desde la cual observas todas tus
experiencias (a veces, a esta perspectiva también se le llama “El
Observador”).
A partir de tu experiencia entonces (y no simplemente porque yo lo
diga), ¿puedes distinguir entre los contenidos de tu experiencia
(sensaciones, pensamientos, emociones, recuerdos, imágenes) y el
contexto en el que se despliegan?
Tú eres ese contexto.
Para terminar cito a la gran Virginia Satir:
We must not allow other people’s limited
perceptions to define us. (No debemos dejar que las percepciones
limitadas de otras personas nos definan).
A lo
que yo agregaría, tampoco debemos dejar que las historias que cuenta
nuestra mente sobre nosotros mismos nos limiten en nuestro potencial.
Y sin embargo, basta con prestar atención al incesante trabajo de la
mente, que como una araña va tejiendo su tela de significados en torno a
las historias que ha construido sobre tu vida y tu identidad. Ahora
bien, las historias en sí no tienen nada de malo, las narrativas son
sólo una manera de ordenar el mundo y la realidad de modo que tu
historia tenga continuidad y también para facilitar la comunicación.
El problema surge cuando perdemos de vista que la historia no es más que
eso… un relato, es decir una manera de hilvanar los hechos que resulta
coherente y lógica… Y el problema se agrava cuando los significados de
la historia van en detrimento de tus posibilidades, limitando tu vida… y
la verdadera dificultad estriba en el hecho de que la mayor parte del
tiempo no hay espacio entre la historia como tal y nuestra identidad (lo
que en ACT se conoce como fusión con el Yo-conceptualizado, es decir el
yo construido a partir de la historia).
Ya veremos más adelante que es esto de la fusión y cómo contrarrestarla,
pero por ahora, te tengo una tarea:
La próxima vez que tu mente te diga: “no puedes hacer eso por que eres
así o asá”, o “porque antes ya lo intentaste y no lo conseguiste”, te
invito a develar la historia que se oculta detrás de esos pensamientos y
a observarla con curiosidad (¿es una historia nueva o antigua? ¿cuándo
la escuchaste por primera vez? ¿es una historia que se ha contado muchas
veces en tu familia? ¿conoces a alguien que la pondría en duda?).
Una vez identificado el argumento de la historia, deja que tu mente siga
entretenida en lo que mejor sabe hacer, mientras tú vuelves al momento
presente y sigues adelante en la dirección (cualquiera que esta sea) que
hayas elegido para tu vida.
FUENTE:
http://deficitatencionaladulto.cl/blog/?p=1336