martes, 10 de mayo de 2011

La televisión y el TDAH.

Una de las cuestiones más importantes que abordaron los autores que investigaron la sorprendente relación entre TDAH y televisión  (Christakis y cols., 2004), fue: ¿hasta que punto los mecanismos bioquímicos cerebrales a cargo de los neurotransmisores  (catecolaminas) –que están involucrados en la búsqueda de estímulos y también en las conductas adictivas, así como en las alteraciones de la atención- pueden quedar "fijados" por experiencias infantiles como la exposición a medios audiovisuales excitantes del tipo de la televisión, los videojuegos, etc.?

También se cuestionaron si el sonido insistente de la televisión en el hogar del niño puede interferir con el desarrollo del "lenguaje interno", por el que un niño aprende a pensar en los problemas, a planificar sus actos y refrenar las respuestas impulsivas.

La conclusión a que llegó esta extraordinaria investigación norteamericana realizada por el Hospital Infantil de Seattle y cuyos resultados se comunicaron hace siete años, con gran sorpresa del sector sanitario (¡y supongo que también del sector audiovisual!), es que por cada hora de televisión diaria que consuman estos menores, de 1 a 3 años de edad, tienen un incremento del 10 por ciento en el riesgo de presentar trastornos de atención a la edad de 7 años.

Entre los niños menores de 3 años que ven la televisión de una o a dos horas diarias, el incremento del riesgo de sufrir problemas de atención a los 7 años de edad es de un 10 a un 20 por ciento. Ver a esa misma edad entre 3 y 4 horas diarias de televisión (lo hace el 14 por ciento de los niños norteamericanos) equivale a un riesgo del 30 al 40 por ciento sobre aquellos niños que no ven nunca la pequeña pantalla 1.     

¿Estamos, pues, ante una de las más importantes causas que explicaría el notable aumento de niños con TDAH? La próxima semana seguiré, para concluir este polémico tema.

1.- Castells, P. Nunca quieto, siempre distraído. ¿Nuestro hijo es hiperactivo? (Ceac, 2009).

Hace algún tiempo que tanto la American Academy of Pediatrics (Academia Americana de Pediatría) como la Asociación Española de Pediatría (AEP), recomiendan la "ausencia de pantallas" para los niños menores de dos años.

 Pero no parece que la gente haga mucho caso a esta juiciosa advertencia, porque la realidad -al menos en los EE.UU.- es que  el 44 por ciento de los niños con 2 o menos años ven diariamente la televisión una o dos horas, y un 37 por ciento de los menores de un año hace lo mismo; el 68 por ciento de los niños menores de 2 años dedican algo más de 2 horas diarias a consumir todo tipo de pantallas electrónicas, y lo que es alucinante es que el 26 por ciento de estos diminutos niños tienen...¡un aparato de televisión en su habitación!

Han pasado unas tres décadas, cuando los maestros de los niños pequeños -de cualquier nivel socioeconómico- empezaron a informar de cambios preocupantes en su capacidad de aprendizaje, centrados principalmente en su menor capacidad de escucha, atención y participación en la resolución de problemas. Echaron la culpa a la televisión, aunque por aquellos años pensaron que este bajón en el rendimiento estudiantil de su alumnado era debido al exceso de programación que captaba la atención de los niños y no les permitía hacer otra cosa. En la primera entrega de estos tres artículos sobre "Televisión y TDAH", ya les avancé del peligro que representa el continuo bombardeo de imágenes del ciberespacio en el desarrollo cerebral de la población menuda. Ahora, pues, el planteamiento sería bien distinto y alguien, incluso, podría señalar a las pantallas como responsables directas de la actual "epidemia" de TDAH 1.  

Lo que sí es seguro es que no tiene ningún efecto beneficioso, sino más bien todo lo contrario. Por más que nos beneficie a los adultos dejar al niño al cuidado de la "nodriza electrónica", y por más embelesado y entretenido que esté con la animada pantalla. Ya sabemos ahora que un niño menor de 2 años no tiene que ver nada de televisión ni otras pantallas. ¡Queridas madres: tolerancia cero! 

      

1.- Castells, P. Nunca quieto, siempre distraído. ¿Nuestro hijo es hiperactivo? (Ceac, 2009)
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