miércoles, 2 de febrero de 2011

¿Sí, no, sí, no a la medicación? Al final es el padre quien se da cuenta cuando es realmente imprescindible.

El TDAH y los psicofármacos


Es importante destacar que el camino de los psicofármacos lo inició Bradley en 1937 al observar la eficacia de la "Dextroanfetamina" en la corrección de los síntomas de hiperactividad y de desatención. A partir de entonces surgen alternativas farmacológicas frente al control internacional de las anfetaminas y la prohibición de los estimulantes hechos a partir de la coca.
Entre ellos se destaca el "metilfe-nidato" como la droga de elección para la superación de los síntomas. Se habla de una mejoría de la atención y la hiperactividad en dos de cada tres niños tratados.

Pero, como la efectividad se desvanece una vez que la droga se agota en el organismo, "se hace necesario continuar el tratamiento durante algunos años" y "la interrupción del fármaco conduce a una sorprendente recaída de uno o dos días" (adición???).También "es de esperar cierto grado de anorexia, pérdida de peso e insomnio, y el niño puede mostrar palidez y abundantes ojeras".
Todos estos efectos "secundarios" son aceptados por la mayoría de los autores. Si pensamos no solamente los riesgos a corto y largo plazo de la medicación y consideramos que con ella estamos atacando la parte visible del "iceberg", antes de iniciar el azaroso camino de las drogas "Psicoestimulantes" en los niños convendría tener presente las palabras del Dr. Louria Shulamit cuando afirma: "Hay muchas razones por las que una persona-un niño- no se pueda concentrar. Se necesita poco esfuerzo para descubrirlas antes de recetar una droga".
Sin embargo hay una generalización abusiva del diagnóstico de distracción y/o de hiperquinesia con el consiguiente suministro de medicación, llegando al extremo -por parte de algunos profesionales- de indicar su uso "a modo preventivo", "por si el niño/a llega a tornarse distraído...".

Ya en 1975, los autores Peter Schrag y Diane Divoky en su libro "El mito del niño hiperactivo" hicieron una advertencia respecto a que "se está creando una generación para que desconfíe de sus propias necesidades, para que considere que son una enfermedad los puntos en que se desvía de los estándares cada vez más estrechos de las normas aprobadas y para que confíen en las instituciones del estado y en la tecnología que definan y den forma a la salud".
Así es que la década de 1990 fue testigo de un alarmante incremento en el número de niños a quienes se diagnosticó y medicó con estimulantes y antidepresivos.
Observemos cómo se presenta la población internacional:

En Francia, se determinó que el número de niños que entraba a la escuela y que ya estaba tomando drogas psicotrópicas llegó hasta un 60%.

En Alemania, de 1995 a 1999, el número de píldoras de metilfenidato que se prescribían tuvo un incremento del 400%.

En Estados Unidos, en los doce meses anteriores a junio del 2001, se prescribieron 20.6 millones de recetas.

Ahora bien, ¿Cómo cursa la enfermedad? Se nos dice que a estos niños desde pequeños se los observa inquietos...pero no todos los inquietos y movedizos se convierten en ADHD, y además hay quienes 'padecen ADD', es decir, déficit de atención pero sin hiperactividad, y entonces no son inquietos ni movedizos...Punto.

Entonces, ¿Cuál es el parámetro de "actividad" para designar hiperactivo a un niño? Si lo que la escuela demanda normalmente es hipoactividad, toda actividad será considerada hiperactividad.
La telemática, con la mudanza que ha introducido en los modos de representación de tiempo y espacio ¿no estará proponiendo otro tipo de atención, diferente?.
Los niños y adolescentes de hoy, que no consiguen 'prestar atención', ¿no estarán sufriendo por exceso y no por falta (de unidireccionalidad de la atención)?
Atender, ¿es concentrarse? ¿En quién o en qué? ¿En sí mismo, en el objeto de conocimiento o en el docente?
Probablemente hoy se requiera de una descentración, de una atención a distintos tipos de estímulos en forma simultánea, de una atención no unidireccional.
El poder médico hegemónico tiene la tendencia a formular como patologías medicables los indicadores de inquietud. Por el contrario nosotros precisamos leerlos como señales de alarma que los niños son los primeros en emitir y que deben ser decodificados como preguntas.

Insistimos, ¿cuales son los parámetros para medir la "actividad y desde allí considerar la "hiper" y la "hipo" actividad?. Un niño puede estar inquieto por múltiples motivos y la mayoría de las veces, la inquietud o la hiperactividad de un niño puede estar indicando: una inteligencia despierta, activa, cuestionadora y falta de respuesta a la misma en el medio familiar y/o escolar; o un llamado indirecto de atención en relación a diferentes problemas de orden psicológico o psicopedagógico, que deberían ser escuchados cuidadosamente.
Si uno no tiene una evaluación un poco más completa de cuál es toda la situación que puede haber llevado a un niño a tener un déficit de atención, puede hacer un tratamiento sintomático y no ir a tratar de resolver las causas del problema.

En relación al tratamiento farmacológico consideramos  que es  por el análisis de las conductas como podemos entender y orientar las conductas, que bajo ciertas condiciones contextuales, son consideradas como excesivas o deficitarias.

Es más sencillo proponer una medicación que hacer una serie de cambios en la familia o el entorno o en la relación con el niño; inclusive por la poca tolerancia que tienen las instituciones con los chicos inquietos...la idea es que tiene que hacer algo el médico para que el chico no moleste en la escuela.
Fuente:

 "El Niño enfrascado"

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