viernes, 29 de abril de 2011

Pues sí en esta sociedad tercermundista en que nos hayamos, casi nadie sabe lo que es el TDAH, solo los padres que lo sufrimos

Trastornos mentales y menores delincuentes

La justicia en general está cada vez más necesitada del apoyo de expertos en salud mental, de psiquiatras y psicólogos

27.04.11 - 22:56 -

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Trastornos mentales y menores delincuentes
Foto: ALEX DOMíNGUEZ
–¿Llegan muchos casos a los juzgados de Menores que tienen su origen en problemas de salud mental?
–Es algo que va a más, pero lo primero que hay que tener en cuenta es que la justicia en general está cada vez más necesitada del apoyo de expertos en salud mental, de psiquiatras y psicólogos. Y luego debemos diferenciar entre la justicia de menores y la de adultos. En Menores, afortunadamente, tenemos el asesoramiento de los equipos técnicos de apoyo, que están integrados por trabajadores sociales, educadores, psicólogos, etc. Gracias a ellos podemos conocer las circunstancias personales, sociales, familiares, etc de los chavales que vamos a juzgar. En consecuencia, sabremos si tienen problemas con las drogas o si sufren desórdenes mentales. Es una gran ventaja a la hora de tomar decisiones. En cambio, en la justicia de adultos, habitualmente son los propios detenidos quienes deben demostrar su condición de enfermos. Los exámenes se hacen a instancias de parte: es decir, que los proponen la Fiscalía o las defensas. Hay que alegar, hay que probar... Y eso no siempre ocurre. Así que, por desgracia, muchas veces juzgamos a delincuentes adultos sin conocer sus verdaderas circunstancias personales y psicosanitarias.
–Los menores tienen más garantías.
–En Menores es mucho más difícil que juzguemos a alguien sin conocer todas sus particularidades. Los chavales han de pasar obligatoriamente por el filtro de los equipos técnicos: es un requisito inexcusable, no una opción voluntaria. En consecuencia, lo normal es que se detecten los problemas de salud mental que puedan presentar. Nosotros, los jueces y fiscales de Menores, tenemos mucho más conocimiento de las personas a las que vamos a investigar o juzgar. Recibimos, si ese es el caso, a un enfermo. En adultos, a un delincuente. Esa es la gran diferencia entre la justicia de menores y la de mayores. Yo lo digo muchas veces: gracias a que soy juez de Menores he aprendido qué es el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) o cómo es una persona 'border line'. Y he conocido a chavales que sufrían el síndrome de Asperger: son sabios despistados, niños con una enorme inteligencia pero que no tienen habilidades sociales como la picardía. Son esos chicos a los que siempre coge la Policía porque no hacen nada para escapar. Por ejemplo, hay uno joven trapicheando, ve venir a un policía y le pasa la droga a nuestro 'sabio despistado'. Como es natural en estos casos, el 'malo' sale corriendo. Y pillan al 'bueno' con todo encima. Es muy, muy listo, pero no tiene ninguna malicia. No sabe. No ha hecho nada, pero él carga con la culpa.
Por eso no es raro que estos chavales, los que tienen Asperger, aparezcan como víctimas de delitos, pero también que sean utilizados como encubridores, como tapadera de una trastada... Pero todo esto lo hemos sabido hace relativamente poco tiempo. ¡A cuántos habremos condenado sin tener en cuenta que podían padecer alguno de estos trastornos! Por eso digo que la justicia está cada vez más necesitada del asesoramiento de profesionales de la salud mental. Pero que los padres no se asusten: que un niño tenga un problema mental no quiere decir necesariamente que vaya a ser un delincuente. Ni mucho menos. Lo que hay que hacer es ponerse en manos de los profesionales adecuados, porque estos problemas tienen solución. Es preciso detectarlos y tratarlos.
–¿Y qué hace un tribunal de Menores cuando le informan de que un chico que ha cometido un delito padece un trastorno mental?
–Pues todo cambia. Si el delito es grave y hay que imponerle una medida de internamiento, irá a un centro que cuente con un equipo de especialistas en salud mental. Pero eso se reserva para los casos más graves, ya digo. Normalmente, intentamos trabajar con el menor sin sacarlo de su ambiente familiar, escolar, etc. Lo que está claro es que no solo hay que conocer el delito, sino las circunstancias que rodean al individuo que ha cometido ese delito. Es tan importante lo uno como lo otro.
–¿Pero están preparados los correccionales para atender a estos chicos?
–Cada vez hay más psicólogos y psiquiatras en los centros de internamiento. De todas formas, en menores siempre hay que trabajar multidisciplinarmente. Y no solo en la fase de ejecución de la medida: también durante la instrucción y el juicio.
–¿Ha habido padres que se han enterado por el juzgado de que sus hijos sufrían un problema mental?
–Sí, sí, se nos han dado varios casos de familias que no sabían que sus hijos tenían un TDAH o un síndrome de Asperger. Gracias a que los chavales entraron en la maquinaria judicial, se descubrieron los problemas. Y eso es bueno, porque han podido ponerles solución. Hombre, es evidente que hubiera sido preferible no llegar hasta ese extremo. Ya se sabe que el Derecho Penal debe ser el último recurso, pero más vale tarde que nunca. Y esos chicos lo único que necesitan es un tratamiento. Si lo hubieran tenido antes, lo más probable es que no hubieran cometido ningún delito. Yo todo esto lo he ido aprendiendo como juez de Menores. Una vez le pregunté al presidente de una Audiencia Provincial, no diré cuál, si sabía qué era un 'border line' o un 'asperger' y no tenía ni la más remota idea.

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