lunes, 28 de mayo de 2012

La historia que el Déficit Atencional ha escrito sobre tu identidad (y cómo evitar sus efectos negativos…)

 Juan Sangüesa

Hoy les voy a contar una historia secreta. La historia de una de las consecuencias psicológicas del Déficit Atencional cuando -por la razón que haya sido- no fue diagnosticado en la infancia, pero de todas formas sus efectos se han dejado sentir, causando diversas dificultades y resultados adversos a lo largo de la vida
Si este es tu caso y no recibiste el diagnóstico hasta que ya eras grande, no te puedes perder lo que viene a continuación…

¿Qué historias te cuenta tu mente con respecto a tus problemas?

Como saben, mi tesis de pregrado consistió en una investigación cualitativa acerca de la subjetividad de adultos con ADHD recientemente diagnosticado. En este estudio, mis compañeros y yo, entrevistamos a personas que no habían recibido el diagnóstico en la infancia y les preguntamos acerca de todo lo que nos pudieron contar sobre el impacto que el ADHD no diagnosticado había tenido sobre sus vidas.
Uno de los descubrimientos que emergieron a partir del análisis de esas entrevistas y que para mí fue sumamente revelador es el siguiente:
Al no haber existido una explicación racional para la conducta de nuestros entrevistados durante su infancia, las familias de cada uno de ellos fueron “explicándose” esa conducta atribuyéndola a ciertas cualidades de cada uno de ellos y ellas. Así, ciertos adjetivos comenzaron a repetirse una y otra vez, en la narrativas familiares.
“¡Esta niñita pasa en las nubes!”…”Es que es distraída, igual que su papá”
“¡Este niño no puede estar quieto ni un segundo!” … “Es que es muy desordenado
“¡María no sabe ni dónde deja su cabeza!” … “Es que es demasiado olvidadiza
Las cursivas no son porque sí… Si te fijas, las “explicaciones” encontradas implican la atribución de una característica X como parte de la identidad de la persona (y podemos sumar una serie de otras características mencionadas: flojo/a, irresponsable, volado/a, inconstante, no se pone las pilas, inmaduro/a).
Algo que la mente de quien escucha esas afirmaciones puede resumir en la siguiente fórmula:
Yo = Problema
Si el problema eres tú mism@, ¿qué solución nos queda?
Es por esto que muchos adultos con ADHD no diagnosticado acarrean una pesada carga de desaliento y auto-reproche, ya que a partir de la escucha ininterrumpida de críticas y desaprobación por parte de sus familias, profesores, amigos y parejas, esas características negativas han sido incorporadas a su identidad irremediablemente.

Desmantelando la narrativa

Por una parte, luego del diagnóstico, muchos adultos con ADHD por fin encuentran una explicación sólida que da cuenta de sus muchas dificultades y que va más allá de las evaluaciones morales que encierran las historias acerca de su “flojera” o de “falta de fuerza de voluntad”. No obstante, suele suceder que las historias escuchadas y repetidas durante tanto tiempo, sigan ahí, dando vueltas por la mente y asomando su fea cabeza toda vez que las cosas salen mal.
Así, ante el primer retroceso o dificultad, no es de extrañarse que aparezcan pensamientos como “¡de nuevo lo mismo!… ¡no hay caso conmigo!… ¡¡¡no tengo remedio!!!”.
¿Qué hacer al respecto?
El impacto que las narrativas familiares y sus significados tienen sobre la identidad de cada uno de sus miembros, ha sido durante mucho tiempo el eje central de los enfoques narrativos y posmodernos en terapia familiar. Diversos autores, han desarrollado técnicas con las cuales desmantelar las narrativas familiares negativas, para permitirle a la persona “reescribir su vida”, desmarcándose de las “historias dominantes” que obstaculizan su superación. (De estos terapeutas, mi favorito es Michael White, autor junto a David Epston de Medios Narrativos para Fines Terapéuticos, y de Maps of Narrative Practice).
Durante un tiempo, estuve utilizando algunas de estas técnicas con mis pacientes para ayudarlos a liberarse de las etiquetas y atributos negativos que eran resultado de las narrativas construidas a partir de sus problemas con el ADHD cuando todavía no sabían que éste era el origen de sus dificultades. En muchos casos, las técnicas narrativas fueron de gran ayuda para este propósito, pero hoy he encontrado un enfoque que encuentro mucho más potente.

Relational Frame Theory (una teoría científica del lenguaje y la mente)

Si leíste mi post anterior, sabrás que estoy estudiando y practicando un nuevo tipo de terapia llamada ACT (Acceptance and Commitment Therapy) y que pienso que puede ser una alternativa muy potente para trabajar con los problemas que el ADHD impone en tu vida diaria.
Para el tema que nos interesa en este post, la teoría científica que da sustento a ACT (la Relational Frame Theory) explica algunos de los mecanismos por medio de los cuales se consolidan las historias que nos han contado (y que nuestra mente nos sigue contando) respecto a las causas de nuestro comportamiento, las razones por la cuales hacemos o dejamos de hacer tales o cuales cosas, etc., etc… (Voy a intentar hacer un esbozo ultra resumido de lo que he estudiado hasta ahora al respecto).
La RFT es verdaderamente alucinante ya que consiste en un programa de investigación en ciencia básica (de laboratorio) acerca del lenguaje y la cognición humana. Un programa de investigación que lleva 30 años desentrañando los misterios de los símbolos verbales que utiliza la mente para la comunicación con los demás y con nosotros mismos.
En primer lugar, las narrativas y las historias están hechas con palabras, sin lenguaje hablado no se pueden contar historias…
Pero… ¿qué es una palabra? y ¿cómo adquiere su significado?
http://www.flickr.com/photos/visualpanic/
El elemento más sorprendente del lenguaje es su arbitrariedad.
¿En qué se parece la palabra “GATO” a este animalito?

Tienes razón… en NADA.
Los símbolos (hablados y escritos) del lenguaje son totalmente arbitrarios.
Entonces, los significados de las palabras, son el resultado del entrenamiento social que tiene lugar durante muchos años a lo largo del desarrollo del niño, en su familia y su cultura. Y estos significados, asociados a tales y cuales palabras y conceptos, son lo que finalmente da forma a los contenidos de su mente.
Piensa en un niño que está aprendiendo a hablar. Muchas veces se le pregunta: “¿por qué hiciste eso?”, a lo que el niño muchas veces responderá, con total honestidad, “no sé”… o “porque sí”. Típicamente este tipo de respuesta no es bien recibida por los adultos, que, con el ceño fruncido insistirán: “¿pero por qué lo hiciste?”. El resultado es que el niño pronto aprenderá que una respuesta socialmente aceptable requiere de “buenas razones” y argumentos lógicos que den cuenta de sus motivos para determinadas conductas.
Es ahí cuando la mente comienza su incesante trabajo de análisis, razonamiento lógico y construcción de historias coherentes.
Y así, antes de que nos demos cuenta de cómo sucedió, nuestra mente está lista para responder toda clase de preguntas acerca de nosotros mismos, nuestra conducta, nuestras motivaciones y emociones y sentimientos con toda suerte de bonitas (y a veces no tan bonitas) historias y narrativas que cuentan quienes somos y porqué somos así.
Como dicen Efran, Lukens y Lukens, en su libro de 1992 “Lenguaje, estructura y Cambio”:
“Los seres humanos son cuentistas incorregibles y hábiles, que tienen la costumbre de convertirse en las historias que narran. Mediante la repetición, las historias se consolidan en realidades, y a veces encierran a los cuentistas dentro de los límites que ellos mismos han ayudado a crear”

Cuando tú eres el contexto en el cual se despliegan las historias que tu mente fabrica

Ya. Si me has seguido hasta acá, es el momento de ver cómo fugarse de la prisión narrativa que las consecuencias de tu ADHD han escrito a lo largo de tu vida.
Uno de los conceptos centrales en ACT es lo que se conoce como “Self as Context”.
Se trata de tomar cierta perspectiva desde la cual contemplar tu propia vida, tus recuerdos, sentimientos, pensamientos, historias, sueños, etc… Es un lugar desde el cual poder salirse de la historia y dejar de repetirla como si fueras Bill Murray en “El Día de la Marmota” (también conocida como “Hechizo del Tiempo”). (Si no la has visto… deja de leer este post y anda a verla AHORA!)
Para que veas en qué consiste la perspectiva del Self as Context vamos a realizar un pequeño ejercicio experiencial:
¿Estás dispuest@? (Si es así, date por lo menos un par de minutos para ir llevando a cabo cada uno de los pasos del ejercicio).
Bien… vamos entonces:
  1. Detente un momento y presta atención a la primera sensación que surja en tu cuerpo. Obsérvala con curiosidad y una vez que la hayas reconocido deja que tu atención se pose en cualquier otra sensación que aparezca, y la siguiente… y la siguiente.
  2. Ahora mira a tu alrededor y reconoce el lugar en el que te encuentras. Observa los colores, las formas y los objetos que te rodean.
  3. Ahora intenta recordar un momento pasado de tu vida reciente y, cerrando los ojos, visualiza la escena con la mayor nitidez posible.
  4. Repite lo anterior, pero con un recuerdo de tu niñez.
  5. Presta atención a ver si notas la presencia de alguna emoción. Fíjate en qué parte del cuerpo la sientes y cómo es…
  6. Ahora presta atención al primer pensamiento que pase por tu mente. Puedes cerrar los ojos para escuchar con más claridad lo que tu mente tiene para decirte en este momento…
  7. Observa si puedes notar un sentido de continuidad en todo este proceso.
¿Listo?
Preguntas:
¿Qué es lo único que ha permanecido constante durante todo el ejercicio?
¿Qué es lo que se ha mantenido constante a lo largo de los distintos momentos y experiencias de tu vida?
¿Quién observaba estas sensaciones, imágenes y recuerdos?
¿Puedes sentir la constancia y continuidad de esa perspectiva desde la cual has sentido y vivido todos los momentos de tu vida?

Las historias que tu mente construye, y que a su vez han sido construidas a partir de lo que otros han contado acerca de ti durante toda tu vida, no son más que eso: narrativas y conexiones arbitrarias a partir del lenguaje, pero que no alcanzan a tocar esa dimensión de tu ser en que asumes la perspectiva desde la cual observas todas tus experiencias (a veces, a esta perspectiva también se le llama “El Observador”).
A partir de tu experiencia entonces (y no simplemente porque yo lo diga), ¿puedes distinguir entre los contenidos de tu experiencia (sensaciones, pensamientos, emociones, recuerdos, imágenes) y el contexto en el que se despliegan?
Tú eres ese contexto.
Para terminar cito a la gran Virginia Satir:
We must not allow other people’s limited perceptions to define us. (No debemos dejar que las percepciones limitadas de otras personas nos definan).
A lo que yo agregaría, tampoco debemos dejar que las historias que cuenta nuestra mente sobre nosotros mismos nos limiten en nuestro potencial.
Y sin embargo, basta con prestar atención al incesante trabajo de la mente, que como una araña va tejiendo su tela de significados en torno a las historias que ha construido sobre tu vida y tu identidad. Ahora bien, las historias en sí no tienen nada de malo, las narrativas son sólo una manera de ordenar el mundo y la realidad de modo que tu historia tenga continuidad y también para facilitar la comunicación.
El problema surge cuando perdemos de vista que la historia no es más que eso… un relato, es decir una manera de hilvanar los hechos que resulta coherente y lógica… Y el problema se agrava cuando los significados de la historia van en detrimento de tus posibilidades, limitando tu vida… y la verdadera dificultad estriba en el hecho de que la mayor parte del tiempo no hay espacio entre la historia como tal y nuestra identidad (lo que en ACT se conoce como fusión con el Yo-conceptualizado, es decir el yo construido a partir de la historia).
Ya veremos más adelante que es esto de la fusión y cómo contrarrestarla, pero por ahora, te tengo una tarea:
La próxima vez que tu mente te diga: “no puedes hacer eso por que eres así o asá”, o “porque antes ya lo intentaste y no lo conseguiste”, te invito a develar la historia que se oculta detrás de esos pensamientos y a observarla con curiosidad (¿es una historia nueva o antigua? ¿cuándo la escuchaste por primera vez? ¿es una historia que se ha contado muchas veces en tu familia? ¿conoces a alguien que la pondría en duda?).
Una vez identificado el argumento de la historia, deja que tu mente siga entretenida en lo que mejor sabe hacer, mientras tú vuelves al momento presente y sigues adelante en la dirección (cualquiera que esta sea) que hayas elegido para tu vida.

FUENTE: http://deficitatencionaladulto.cl/blog/?p=1336
 
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