sábado, 19 de noviembre de 2011

TDAH y estado de ánimo

TDAH y trastornos del estado del ánimo.

El porcentaje de que en los niños con TDAH aparezcan sentimientos depresivos se sitúa alrededor del 30%. Los problemas académicos y sociales que experimentan los niños con TDAH pueden provocar síntomas de indefensión (excesiva preocupación por los acontecimientos específicos, ansiedad de separación, fobia social….) que van a incidir de forma negativa en la percepción de la competencia personal.
Los niños con TDAH presentan ansiedad, frustración y confusión, lo que les lleva a una falta de interés, de desmotivación y de fracaso escolar.
Los niños parten de unas creencias irracionales (ser listo es bueno, ser tonto es malo). Los listos son capaces de resolver cualquier problema, como yo no soy capaz soy tonto. Ante la situación de resolver un problema con esas creencias, hay una frustración que crea ansiedad, por lo que evitamos hacer ese problema (lo que sigue haciendo el círculo vicioso). Los sentimientos que priman son los de minusvalía, impotencia y baja autoestima.
Los niños deprimidos según los criterios se caracterizas por: Sentimientos de preocupación excesiva, tristeza o deseo de aislamiento, irritabilidad persistente, aburrimiento, alteraciones en el apetito y sueño, quejas físicas y dolores abdominales, cansancio, disminución de la concentración, ideas de muerte recurrente.
Los niños con TDAH prácticamente desde la primera infancia manifiesta un deseo intenso de agradar a los demás y de recibir aprobación social por lo que hace. Al no verse cumplidas todas estas expectativas éste sufre una gran ansiedad y miedo al fracaso, por lo que no se les debe permitir establecer objetivos a medio y largo plazo sino intentar que vayan consiguiéndolos y planteándolos progresivamente, de modo que, al ir viendo que pueden aprender y mejorar y ser aceptados, su autoconcepto mejora y su autoestima aumenta.
Por otro lado, la familia puede representar un factor protector para posibles dificultades de aprendizaje en los niños, pero también puede ser un factor de interferencia para el aprendizaje de éstos. Los padres cuyos intereses y preocupaciones están determinados por trabajos absorbentes, interfieren negativamente en el desarrollo de estos niños. Si los niños son muy capaces, probablemente esta situación no les afecte y por el contrario, incluso  estimule su autonomía, pero si los niños requieres apoyo adicional para rendir de acuerdo a lo que se espera de ellos y no lo encuentran  en sus padres, les  marcará el comienzo de  dificultades escolares, fracasos, etc.

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