miércoles, 21 de septiembre de 2011

Cariño mejor que castigo, en el TDAH y casi todo en la vida

Cuando un niño no para de jugar o de moverse y no presta atención con frecuencia a los detalles, incurre en errores por descuido en las tareas escolares o pierde objetos, es probable que pueda estar afectado de un trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), lo que supondrá estar sujeto a tratamiento psicoeducativo y farmacológico.

Un niño que al comienzo del curso escolar no presta atención suficiente a los detalles, incurre en errores por descuido en las tareas o parece no escuchar cuando se le habla directamente, corre el riesgo de padecer un trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH).

Los padres de niños con este trastorno suelen reclaman de los profesores más conocimiento sobre esta patología y un esfuerzo por adaptar las metodologías de estudio a los afectados. Se calcula que entre un cinco y un seis por ciento de la población infantil, al menos España, padece TDAH, un trastorno que afecta al sistema nervioso y se manifiesta mediante el aumento de la actividad, la impulsividad y la falta de atención.

Los síntomas de esta patología suelen presentarse en torno a los 6 años, cuando el niño comienza a socializarse en la escuela una vez que ha dejado el jardín de infancia e inicia el período de aprendizaje de las distintas materias escolares. Una persistencia de los síntomas durante al menos seis meses confirmaría que estamos ante un cuadro de cierta gravedad.

A menudo, los síntomas confunden a los padres y educadores porque consideran que el niño es un tanto dejado o un poco vago en lo que se refiere a sus obligaciones escolares cuando en realidad estamos ante un ser enfermo que demanda, antes que los fármacos coadyuvantes, cariño, comprensión y ayuda médica y en ningún caso castigos o reprimendas. El niño afectado por este problema extravía con frecuencia juguetes, lápices o libros, rechaza las tareas que requieren un esfuerzo mental y se dispersa con estímulos irrelevantes, según consta en los anales más comunes de estudios de psiquiatría y psicología.

En muchos colegios se está consiguiendo poco a poco que los profesores conozcan el TDAH, pero todavía los padres siguen recibiendo notas de los educadores sobre el mal comportamiento de sus hijos, aunque éstos hayan sido ya diagnosticados. Sin embargo, algunos neurólogos se han mostrado contrario a que a los niños afectados por el problema se les baje el nivel de exigencia académica y defienden una adaptación de los métodos de aprendizaje porque requieren más tiempo que el resto de los alumnos. Creen que darles las preguntas de un examen por separado les ayudaría mucho.

El tratamiento del hiperactivo incluye un apartado farmacológico, pero para que éste tenga éxito debe implicarse en él la familia, que debe ser autocrítica y dejarse asesorar, y también los responsables de la escuela donde todavía las actuaciones dejan mucho que desear.

Durante el reciente acto de presentación en Madrid del libro "Hiperactivos. Estrategias y técnicas para ayudarles en la casa y en la escuela" aportó su testimonio Mario Lázaro, un joven que fue diagnosticado con TDHA a los 12 años y que, gracias a la medicación y el tratamiento psicoeducativo, cursa en la actualidad estudios de ingeniería.

Mario Lázaro destacó las dificultades que todavía tiene para referirse a su infancia por lo mal que lo pasó.

"Las situaciones siempre me dominaban y tenía estrés en el colegio porque no lograba las metas que otros sí podían. Esto me originaba una tremenda apatía y una desilusión constante que se traducía en ansiedad y agresividad", dijo.

Aunque la hiperactividad no es una enfermedad irreparable, los expertos tienen testado, tras diferentes estudios comparativos, que en torno a un 70 por ciento de los niños a los que se les diagnostica este trastorno mantendrá los síntomas durante la edad adulta, por lo que se verá obligado a medicarse durante el resto de su vida. Cuanto antes se descubra la enfermedad, el pronóstico será mejor a largo plazo porque será el momento ideal para comenzar el tratamiento, que tiene una doble vertiente: farmacológica, en la que se suministra al enfermo un estimulante de la atención llamado metilfenidato, y educativa.

Aunque la hiperactividad es un trastorno del que aún no se conocen claramente las causas y no tiene curación en la mayoría de los casos, con un buen tratamiento los síntomas más característicos como la inquietud manifiesta o la falta de atención pueden verse reducidos a la mitad. En lo que sí coinciden los especialistas es en que se trata de un problema neurológico que radica en que una parte de la corteza frontal del cerebro no coordina bien una serie de acciones, lo que origina inquietud, nerviosismo, falta de atención y que el muchacho se disperse.

Un estudio desarrollado por los médicos españoles Nicolás Fayed, jefe de Servicio de Neurorradiología de la clínica Quirón, y Pedro Modrego, neurólogo del Hospital Miguel Servet de Zaragoza, y publicado en 2005 en la revista norteamericana "Academic Radiology", detectó alteraciones metabólicas en el cerebro de los niños hiperactivos, un descubrimiento que podría permitir en breve el diagnóstico precoz de esta patología crónica, según sus promotores.

Al llegar a la edad adulta, el hiperactivo se convierte en esa clase de personas "inquietas, desorganizadas y despistadas que todos conocemos", según el español Rafael Camino León, neuropediatra del Hospital de Reina Sofía de Córdoba (sur), si bien hay casos más graves en los que esta enfermedad se vincula a trastornos de conducta e incluso a la ingesta de drogas.

Por Francisco Galindo


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